RAÍZ Y VANGUARDIA
Para la gestión 2025–2029, la imagen de la ceiba nos invita a conectar pasado, presente y futuro.
La ceiba es un árbol mesoamericano de profundas raíces y amplia copa que conecta memoria, comunidad y porvenir.
Esta transición figurativa no implica ruptura, sino continuidad transformadora; la ceiba alude a nuestro vasto patrimonio biocultural americano, a la expansión, diálogo entre generaciones y apertura a nuevos futuros para la Universidad.
Con el uso de árboles, como alegorias vivientes de gestión institucional, queremos reconocer que somos una sola y gran Universidad con capacidad para sostener lo construido y, al mismo tiempo, proyectar nuevas formas de relación con el entorno, reafirmando nuestra vocación y compromiso con nuestra comunidad y con la sociedad.
La gestión universitaria se proyecta como este organismo vivo, dinámico y en constante expansión: La Ceiba de la UAM, y en el cuerpo del símbolo: las prioridades, los compromisos, las orientaciones transversales y las orientaciones estratégicas de la gestión.
Como primer acto simbólico de su gestión, el rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Gustavo Pacheco López, plantó una ceiba pentandra en las áreas verdes de la explanada de la Rectoría General de la Institución, lo que representa, dijo, el inicio de una administración comprometida con la sostenibilidad, el patrimonio cultural y la responsabilidad intergeneracional.
Este árbol representa el primer legado de su rectoría, enfatizando la urgencia ambiental que enfrenta la humanidad; “hemos rebasado siete de los nueve límites planetarios. La sobrevivencia humana está en peligro. Los ciudadanos del siglo XXII ya nacieron; están aquí, y tenemos una responsabilidad con ellos para no hipotecar su futuro”.
La elección de la ceiba pentandra no fue casual, señaló, en un breve mensaje, ya que fue considerada sagrada en diversas culturas originarias de Mesoamérica, como la Maya, la Mexica y la Totonaca, este árbol ocupa un lugar central en la cosmogonía de dichos pueblos, simbolizando el axis mundi: conexión entre el inframundo, la tierra y el cielo.
“Sus profundas raíces, su tronco imponente y su amplia copa representan la unión espiritual entre lo divino y lo humano”, afirmó durante la ceremonia que congregó a personal, docentes y trabajadores administrativos, entre ellos la doctora Yissel Arce Padrón, coordinadora general de Difusión y el maestro Rodrigo Serrano Vázquez, abogado general de la Casa abierta al tiempo.
Pacheco López aseguró que, de acuerdo con códices prehispánicos, “la ceiba se ubicaba en el centro del universo, vinculando los cuatro puntos cardinales. Incluso en el periodo virreinal, su presencia ceremonial persistió en comunidades indígenas, donde fue cultivada como símbolo de equilibrio cósmico”.
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